Hamigobias en… San Sebastian

こんにちは みんなさん!

Inauguramos nuestras excursiones mensuales con algo que teníamos muchísimas ganas de hacer: conocer San Sebastian.

Cuándo: 27 febrero – 1 marzo

Cómo: con el coche de V-san.

Hospedaje: Irenaz Resort Hotel.

Quienes: A-san, V-san y T-san.

Habíamos planeado ir a final principios de febrero finales de enero (por aquello de empezar el año con nuestra primera excursión) pero el tiempo tenía otros planes y es que con el temporal que hubo este año por el norte era bastante difícil que pudiésemos ir en esas fechas. Cambiamos la reserva del hotel, algo para lo que no nos pusieron ninguna pega al no querer anular la reserva si no sólo cambiarla.

En esta ocasión sólo pudimos ir V-san, A-san y yo, el resto de hamigobias nos despidieron con un pañuelo blanco y nos vieron marchar a San Sebastian.

Fue el primer viaje largo por carretera que hacia V-san y ¡menudo estreno tuvo! Aunque el temporal había pasado, seguía haciendo mal tiempo porque no dejaba de ser final de febrero con lo que cuando llegamos al País Vasco empezó a llover (mucho). Era un poco difícil ubicarse al anochecer pronto (febrero una vez más…) y ser un sitio completamente desconocido para las tres aunque hay que admitir que con el Tom Tom (recomendadísimo para viajes) se va a los sitios de maravilla, eso sí, era la primera vez que lo utilizábamos y nos sorprendió llevándonos a “nuestro destino” que resultó ser un punto indeterminado en una carretera de los alrededores de San Sebastián después de lo cual nos dijo “Ha llegado a su destino” y se apagó. Tras el momento inicial de pánico llegamos sin grandes problemas al hotel (menuda campeona está hecha V-san al volante) que estaba ya a apenas 10 minutos del punto en el que nos dejó el GPS.

Una vez hecho el check-in y de ver lo bonito que era el apartamento que habíamos elegido (las tres coincidimos en que podríamos vivir ahí de continuo) nos bajamos al centro de la ciudad a comprar algo para beber con la cena. Habíamos llevado una maxi tortilla de patata, cortesía de la madre de V-san (que aprovechamos durante todo el viaje).

Tras aparcar el coche en un aparcamiento del centro, al ladito de la playa de la Concha, dimos una vuelta por la zona de pintxos y vimos la Concha iluminada por la noche acompañada del famoso chirimiri, mereció la pena bajar para verlo. No es muy buena idea bajar al centro de la ciudad con el coche, tienes que tirar de parking de pago la mayor parte de las ocasiones.

Al día siguiente aprovechamos para ver la ciudad, amaneció nublado y lloviendo un poco así que paraguas en ristre nos bajamos al centro a desayunar. Algo que debéis saber de nosotras se que nos encanta desayunar y si es juntas, más. Nos gusta tanto que una de nuestras tradiciones es hacer segundos desayunos allá donde vayamos, practicando el Slow travel. Desayunamos en una de las pastelerías más antiguas de la ciudad, al lado del río Urumea, era muy bonita en tonos blancos y rosa pastel.

Teníamos planeado coger las visitas guiadas de la Oficina de Turismo por la ciudad para ir viendo las cosas con un orden y nos fueran explicando que es lo que estábamos viendo porque no habíamos hecho rutas ni planificado mucho el viaje. Cogimos la visita “visita guiada por San Sebastián esencial” por la mañana donde nos enseñaron lo principal de la ciudad y nos fueron explicando su historia. Tuvimos bastante suerte ya que el tiempo nos respetó mucho, sólo cayó un poco de chirimiri lo que también le daba su encanto a la ciudad al verla en su clima habitual. También nos encontramos con un coro de señores que cantaban canciones tradicionales del País Vasco por la calle y al entrar en la Basílica de Santa María nos sorprendieron tocando el órgano durante nuestra visita.

Tras comer de pintxos y gracias a una de las mejores recomendaciones que nos hicieron comer una riquísima tarta de queso de postre, fuimos a la segunda visita guiada que habíamos contratado “San Sebastián romántico” donde nos enseñaron el resto de las catedrales, el hotel Maria Cristina, el teatro Victoria Eugenia y otros puntos clave de la ciudad. Aquí el tiempo se portó bastante peor, llovió con ganas chafando en cierto modo la visita al ir continuamente cargando con los paraguas.

El domingo nos dejamos para ver El peine de lo viento y el Palacio de Miramar, tras recorrer el paseo de la Concha andando y comer tocaba volver a casa.

Nos encantó la ciudad, sin duda la fama que tiene es completamente cierta y es una de esas ciudades que no te puedes perder. Prácticamente toda la ciudad es preciosa, como nos indicaron, es una ciudad de ocio y se nota en las construcciones y en el estilo de vida. Una visita totalmente recomendable.

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