3 de octubre y… ¡NOS VAMOS!

Kon~!

Tras asegurarme de llevar todos los papeles encima y todas las cosas que necesitaba (esta vez no me olvidé el pijama 😉 ) a las 8 salía de casa con rumbo a la estación de AVE. Cargadísima con las dos maletas (recomendación, no llevéis dos maletas) y con el perro por medio haciendo cabriolas (criatura, pensaba que me la llevaba de paseo…) llego a la estación a las 8:15, sí, vivo a un tiro de piedra, no sé porque salí tan pronto… El AVE salía a las 9 y llegaba a Madrid a las 10:30.

Una recomendación para los señores del AVE es que el espacio del portaequipajes es muy pequeño y hay gente con MUCHO MORRO. Casi nos toca discutir con una señora que había llenado ella solita el portaequipajes, así para comenzar el día con alegría.

Puntual a más no poder a las 10:30 estábamos dando tumbos por Atocha intentando sacar el billete gratuito para el cercanías hasta Barajas en las maquinas del metro. Cuando finalmente preguntamos y obtenemos el billete de la máquina correcta nos subimos al cercanías procurando no matarnos con el pedazo escalón que hay en el tren (¿hola? Y yo con maletón para cinco semanas…).

Como a mitad de camino, se sube una señora al tren que empieza a gritar algo relacionado con que tenía muchos problemas y necesitaba nuestra ayuda, cuando digo gritando, quiero decir GRITANDO, incluso la gente con auriculares la oía.

A Barajas llegamos a las ¿12? aproximadamente, nos quedaba muchísimo rato hasta que saliese el avión así que nos fuimos a facturar las maletas para andar más tranquilas sin tanto bartulo, como habíamos hecho el checkin online (recomendado siempre) pasamos por la fila rápida y en un visto y no visto perdimos de vista nuestras maletas.

Seguía quedando mucho rato, así que fuimos a picotear algo al McDonals de la T4 haciendo tiempo mientras nos volvía a parar una mujer contándonos una milonga impresionante que finalmente se resumía en que si le dábamos dinero. Ese día debíamos tener billetes saliéndonos por las orejas o algo similar.

Cuando se hizo la hora de la salida del vuelo fuimos ya a pasar el control y a hacer fila… menuda emoción, yo nunca había ido en un avión de los grandes y este era gigante, las azafatas estaban guapísimas con el uniforme… Creo recordar que salimos con algo de retraso, aunque no podría asegurar exactamente cuanto tarde.

Una vez dentro del avión nos dieron la mantita y los aperitivos. Yo, me puse a buscar a ver que se cocía por la televisión/pantalla que tiene cada asiento, había muchas peliculas, series y música. El vuelo iba a durar unas seis horas aproximadamente, así que me dio tiempo a ver dos películas y media. Un pequeño inconveniente de ir con una compañía árabe es que, ¡oh si! Las películas están subtituladas a árabe la gran mayoría y muchas no estaban con audio en español… de hecho V-san asegura que su pantalla no tenía subtitulos en inglés…

Yo pasé un vuelo bastante bueno hasta llegar a Doha, aunque es cierto que me aburrí un poco, es curioso ver como estando allí arriba el tiempo pasa diferente, te montas en Madrid y al cabo de un rato estás en Doha, así, sin haber movido ni un dedo.

Nos dieron de cenar y de desayunar, creo que aproximadamente cada dos horas nos daban de comer y constantemente nos daban bebidas, por aquello de no deshidratarnos. La comida, bueno, no estaba mala, nada destacable. Me resultó curioso que se notaba que la reponían en cada zona en la que estábamos, de España a Qatar nos dieron comida “española”, de Qatar a Japón nos dieron comida “qatarí” y a la vuelta sucedió lo mismo…

Al llegar a Doha, había un 100% de humedad y unos 40º grados, (sí, un 3 de octubre). Fue un gran bofetón al salir del avión, además antes de bajar, las azafatas habían estado hablando en inglés explicando que cada escala (o terminal) tenía asignado un color en el billete y según tu destino te bajabas en una parada u otra del autobús que había que coger al bajarte del avión. De todo esto me enteré sobre la marcha ya que nos bajamos medio zombis del avión y asadas de calor, prácticamente nos encorrieron para que nos metiésemos en unos autobuses y en cada parada gritaban mientras nadie sabía que hacer. No obstante, luego lo comprendimos todo.

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